jueves, 28 de mayo de 2009

AMISTAD

Novia


Una novia para Dani

Capítulo I

Bien, Dani es mi muy mejor amigo heterosexual y ya sin carácter interino aunque volviera Pedrito (que siempre fue mi único amigo heterosexual, porque gays ya tengo y Míchel se pondría celosísimo y le arañaría vivo); así pues, Dani me pide un “encarguito” algo especial: tengo que buscarle a la novia ideal, a la novia perfecta a partir de unas pocas premisas (que os las iré contando) y aquí empieza mi “trabajo”:

¿Cómo la encuentro?

a) ¿Internet?

b) ¿Agencia?

c) ¿El “boca a boca?

d) ¿Encuesta-cuestionario?

e) ¿Páginas amarillas?

f) ¿Anuncios de contactos?

g) En una biblioteca, cine, teatro, museo, Ciudad de las Artes y las ciencias, Hemisféric…

h) Se admiten sugerencias...

Continuará…

Alecto


AMISTAD


Haec igitur lex in amicitia sanciatur, ut neque rogemus res turpes, nec faciamus rogati. Turpis enim excusatio est et minime accipienda, cum in ceteris peccatis, tum si quis contra rem publicam se amici causa fecisse fateatur. Etenim, eo loco, Fanni et Scaevola, locati sumus, ut nos longe prospicere oporteat futuros casus rei publicae.
Cicerón, De amicitia XII, 40.
“Una ley para la amistad no pedir ni acceder a cosas ilícitas”

La amistad perfecta es la de los hombres buenos y la de los que se unen por la virtud. En efecto, éstos se desean mutuamente un bien semejante en la medida en que son buenos, y son buenos en sí mismos. Pero la cima de la amistad es querer el bien de los amigos por sí mismos, porque esta disposición es esencial, no accidental. Una amistad de esta clase se mantiene en tanto que los amigos son buenos, y la virtud es estable. Además, cada uno de los amigos es bueno a la vez de una manera absoluta y en relación con su amigo, porque los buenos lo son absolutamente hablando, y además útiles para sus amigos. Lo mismo sucede con el placer: los buenos son agradables de un modo absoluto y agradables los unos a los otros. Como cada uno halla su placer en los actos que le convienen, o actos semejantes, los buenos [realizan actos] idénticos o semejantes.

Por consiguiente, esta amistad es duradera. Contiene en sí misma todas las condiciones de la amistad, ya que toda amistad se funda sobre el bien o sobre el placer, ya absolutamente, ya con relación al amigo y según una cierta semejanza. Todas estas condiciones existen en la amistad tal como la acabamos de describir, y se deben a la naturaleza misma de los amigos, semejantes en este punto como en los otros, porque lo que es bueno absolutamente es también agradable absolutamente. Esto es pues lo más amable, y la amistad entre tales amigos es la más elevada y la mejor.

Es natural que estas amistades sean raras, porque los hombres así son poco numerosos. Además es necesario [consagrarle] tiempo y tener una vida en común: según el proverbio, no es posible conocerse los unos a los otros antes de haber consumido en común muchas medidas de sal. Por consiguiente, no hay que aceptar a uno [como amigo] ni unirse a él antes de haber comprobado por ambas partes que es digno de confianza y de amistad. Los que precipitadamente se dan muestras de amistad, quieren ser amigos, pero no lo son realmente, a menos que sean también amables y que lo sepan. El deseo de amistad nace en seguida, pero no ocurre lo mismo con la amistad. Esta, para ser perfecta, necesita tiempo y otras condiciones, nace de todo esto y de las cualidades semejantes que deben poseer los amigos.
Aristóteles reconoce que desearse bien mutuo, es necesario para todas las amistades virtuosas, pero no es lo único que se necesita para que surja una amistad, ya que carece del ingrediente principal: el amor. Sin amor, no puede crecer una amistad y no puede perdurar.
Aristóteles: Ética a Nicómaco


AMISTAD



En muy contadas ocasiones nos es dado encontrar a un maestro, a un amigo, en quien vida y pensamiento formen una unidad tan estrecha Cuando el hallazgo de una tal personalidad tiene lugar, algunos afortunados gozan de la ocasión de aprender, simultáneamente, a pensar y a vivir: a pensar con seriedad su vida y a vivir con intensidad su pensamiento.

Algunos llegamos a comprender que la pasión y el raciocinio, a veces, felizmente, se dan la mano, y nos procuran el ejemplo de un ser que medita, llora, y ríe, con la misma energía, e incluso, en ciertas ocasiones, con la misma inexorable necesidad…

Aprendo de vosotros cada día, amigos, os quiero,

Alecto