Volver a casa: un regreso incierto, no sólo por las tentaciones externas (hay cíclopes, circes, sirenas...) sino por la confusión interior, la desmemoria, la pérdida de referentes. No hay caminos, ni metros, ni autobuses que orienten el retorno.
Tampoco hay ayuda…
Sólo un nombre… Penélope…
HOMBRE.- ¿Cuál es tu nombre?
MUJER.- No sé. ¿Cómo te gustaría llamarme?
HOMBRE.- ¿Penélope?
MUJER.- ¿Sabes? Acabo de acordarme. Creo que me llamo Penélope.
HOMBRE.- Yo me llamo Ulises.
MUJER.- Bienvenido a casa, Ulises. Te estaba esperando.