viernes, 15 de mayo de 2009
El paraíso era un autobús
" Pasaron otoños, primaveras, inviernos. A veces llovía y el viento aplastaba las gotas de lluvia contra los cristales del autobús, difuminando el paisaje urbano. Entonces, él imaginaba que el autobús era la casa de los dos. Había hecho unas divisiones imaginarias para colocar la cocina, el dormitorio de ellos, el cuarto de baño…
Él imaginaba una vida feliz: ellos vivían en el autobús, que no paraba de dar vueltas alrededor de la ciudad, y la lluvia o la niebla los protegía de las miradas de los de afuera. No había navidades, ni veranos, ni semanas santas. Todo el tiempo llovía y ellos viajaban solos, eternamente, sin saber nada de sí mismos. Abrazados. "
Juan José Millás
El paraíso era un autobús
Valientes y cobardes
¿Por qué nos atraen los antihéroes? Los perdedores absolutos que se regodean en la derrota. Los que asumen que no tienen nada bonito que aportar, a veces ni un bonito cadáver. Los que se rinden y lo cantan a los cuatro vientos. Los que ni sufren ya por ser la mierda que son. Los que no se avergüenzan, eso sí, de ser esa mierda. Sólo víctimas de sí mismos, que apuestan por el "cuanto peor, mejor". Los que no se quieren morir un poquito cada día, sino de golpe, o a golpes.
Nadie quiere ser Ben en Leaving Las Vegas, pero atrae... Nadie quiere tragedias en su vida, pero en el fondo, muchos nos sentimos identificados. Nadie admira a los que dejan de luchar, son proscritos de la sociedad, y quizás en el fondo nos dan envidia. Al fin y al cabo se liberaron de la pesada carga de tener que aguantarse 24 horas al día.
Hay que ser muy valiente para ser del todo cobardes…
"Flores en la basura"
Ofréceme una vida sin demonio ni alucinaciones
José Hierro
Cae el sol
"Perdóname. No volverá a ocurrir.
Ahora quisiera
meditar,
recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.
Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
¡Y la verdad! ¡Y la verdad!
Buscada a golpes, en los seres,
hiriéndolos e hiriéndome;
hurgada en las palabras;
cavada en lo profundo de los hechos
-mínimos, gigantescos, qué más da:
después de todo, nadie sabe
qué es lo pequeño y qué lo enorme;
grande puede llamarse a una cereza
( "hoy se caen solas las cerezas",
me dijeron un día, y yo sé por qué fue),
pequeño puede ser un monte,
el universo y el amor.
Se me había olvidado algo
que había sucedido. Algo de lo que yo me arrepentía
o, tal vez, me jactaba. Algo que debió ser de otra manera.
Algo que era importante
porque pertenecía a mi vida: era mi vida.
( Perdóname si considero importante mi vida:
es todo lo que tengo, lo que tuve;
hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido
a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,
colgado en el vacío,
sin esperanza.)
Pero se me ha borrado
la historia ( la nostalgia )
y no tengo proyectos
para mañana, ni siquiera creo
que exista ese mañana ( la esperanza ).
Ando por el presente y no vivo el presente
( la plenitud en el dolor y la alegría ).
Parezco un desterrado
que ha olvidado hasta el nombre de su patria,
su situación precisa, los caminos
que conducen a ella.
Perdóname que necesite
averiguar su sitio exacto.
Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones. "