Viendo rodar el circulito del vista (puto vista, para entendernos) recuerdo al pobre Camilo Sesto rodando como una noria, la cacerola de la ola de mi infancia rodando hasta la purita vomitona, los radios rodantes de mi bici cuando me ostié contra la gravilla, Sergio rodando mil veces sobre sí mismo antes de abrirse la cabeza contra la finca, la habitación rodante, circundante, desplomante de la adolescencia cuando te pasabas con los cubatas (que era más o menos siempre), los frisbis de los dementes en la playa, siempre rodantes, la rueda de la Fortuna, rodante…
Y, de repente un punto de luz, fijo e inmóvil, en el que reparas, se detiene, lo observas, lo reconoces, vas hacia él, lo interpelas: - ¿Quién coño eres? y ¿Qué haces aquí, en mi mundo rodante?
el futuro no existe, recuérdalo… ayer
martes, 12 de mayo de 2009
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